¡Qué difícil resulta ver lo positivo en lo
negativo en los días que vivimos! A medida que avanza la crisis económica,
y parece vislumbrarse el final del túnel, aumenta el desánimo en la gente, la
depresión social se extiende en todos los sectores, la desconfianza domina los
comentarios y la actitud de las personas, quienes no hace mucho lo tenían todo,
pero ahora no tienen nada.
Lo más inquietante de esa deforestación de los
derechos fundamentales de las personas, es que si el pesimismo se instala en
las casas, se crean niños desmoralizados que el día de mañana no serán capaces
de luchar por sus derechos, o de defender sus ideas ante una sociedad cada vez
más desigual y más violenta.